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10/3/10

La Ciencia por Gusto: Narcoguerra… ¿con magia?

La Ciencia por Gusto: Narcoguerra… ¿con magia?

Por Martín Bonfil Olivera
Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM

Publicado en
Milenio Diario, 10 de marzo de 2010

¿Qué pasaría si el Secretario de Energía anunciara que resolverá la crisis energética usando unas máquinas de movimiento perpetuo que le compró a una reputada empresa de Inglaterra?

Simple: quedaría en ridículo. La segunda ley de la termodinámica establece que el movimiento perpetuo es imposible. Como corolario, todo aquel que afirme haberlo logrado es un tonto o un farsante.

Lo mismo pasaría si el Secretario de Comunicaciones propusiera la telepatía como un medio de comunicación útil.

Pero cuando la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) insiste en usar el “detector molecular GT-200” (conocido como “la ouija del diablo”), de la empresa inglesa Global Technical Ltd. para buscar drogas, armas o explosivos… los medios no reaccionan.

El detector es completamente inútil (¡de hecho, por dentro está hueco!). El 17 de febrero publiqué en este espacio una nota al respecto, basándome en información confiable de Andrés Tonini y otros escépticos de varios países. Pero el lunes pasado Milenio Diario publica una nota de Ignacio Alzaga: “Halla Ejército 10% de armas ilegales con detector GT-200”. Reporta que la SEDENA afirma que desde 2007, cuando comenzó a usar el aparato, ha decomisado 94.6 toneladas de mariguana y casi dos de cocaína, 5 mil 367 armas, además de cartuchos y pastillas psicotrópicas.

La SEDENA cayó en un engaño. Los GT-200, según la SEDENA y la propia empresa, “funcionan mediante la resonancia molecular de las sustancias, usan energía del cuerpo humano, (y) no requieren baterías”. Nada de eso tiene sentido. El aparato, y su gemelo el ADE-651, han sido exhibidos como fraudes, su exportación prohibida en Estados Unidos e Inglaterra, y sus fabricantes multados. Hace falta en los medios más investigación y espíritu crítico ante este tipo de notas.

La SEDENA ya había hecho el ridículo cuando en marzo de 2004 un avión de la Fuerza Aérea grabó en Campeche un video de supuestos ovnis y recurrió al conocido charlatán Jaime Maussán como si fuese un investigador científico.

Lo grave es que se está desperdiciando el dinero de nuestros impuestos (cada GT-2OO cuesta 350 mil pesos o más) y se está confiando un asunto de seguridad nacional a una varita mágica.

¿Y cómo explicar el 10% de éxitos? Fácil. El ejército está realizando revisiones constantes, en lugares donde es razonable esperar que circulen narcotraficantes. Esas revisiones al azar (guiadas por un aparato inútil que da respuestas aleatorias, influenciado por los movimientos del operador) darán siempre un cierto porcentaje de aciertos… por azar. Y quizá el personal que las realiza está motivado, confía en el aparato, y se concentra más en la labor: revisa más concienzudamente los vehículos, está más atento a las señales del lenguaje corporal de los conductores, lo cual sesga a quién se revisa…

Un lector, vecino de Ciudad Juárez, cuya casa fue revisada porque la antenita del aparato la señaló, muestra que fácil es descubrir la falacia del detector: “si detecta armas, cómo es que no reacciona a las que ustedes traen colgadas, si están más cerca?”, le dijo a los soldados. A veces basta con un poco de sentido común. En este caso, hay mucho más: datos duros.

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